“El Miedo Disfrazado de Optimismo”

21 Posted by - 1 abril, 2014 - aceptación y cambios, desafios y exito, Emociones, Éxito, felicidad, Motivación

“No hay diferencia entre un pesimista que dice: “Oh, es inútil, así que no te molestes en hacer nada” y un optimista que dice: “No te molestes en hacer nada, las cosas van a salir bien”. De cualquiera de las dos formas, no va a pasar nada. Yvon Chouinard, fundador de la Patagonia

El miedo tiene muchas caras, y normalmente no lo llamamos por su nombre de pila. El miedo en sí da bastante miedo. La mayoría de los inteligentes del mundo entero lo disfraza de otra cosa: negación optimista.

Casi todos los que evitan dejar su trabajo acarician el pensamiento de que su día a día mejorará con el tiempo o cuando ganen más dinero. Esto parece válido y es una alucinación tentadora cuando tu trabajo es aburrido o desmotivador y no un puro infierno. El puro infierno te obliga a actuar, pero si la cosa no llega a tanto, se puede aguantar con una dosis suficiente de racionalización ingeniosa.

¿Sinceramente crees que mejorará o son sólo ilusiones y excusas para no hacer nada al respecto? Sí confiases de verdad que las cosas van a mejorar, ¿te estarías cuestionando así tu vida? Por lo general, no. Esto es miedo a lo desconocido disfrazado de optimismo.

¿Estás mejor que hace un año, un mes o una semana? Si no es así, las cosas no se van a arreglar solas.te estás engañando a ti mismo, es hora de parar y planear cómo dar el salto. Descartando un final al estilo James Dean, tu vida va a ser LARGA. Tus ocho horas o más diarias durante 40 ó 50 años de vida laboral es demasiado tiempo para esperar si nadie viene a rescatarte (en la vida real los príncipes de los cuentos, no existen!!) Y son, aproximadamente 500 meses de trabajo puro y duro.

¿Cuántos más te quedan por delante? Puede que sea hora de batirse en retirada.

Si te inquieta pensar en dar el salto o simplemente lo estás posponiendo por miedo a lo desconocido, aquí tienes el antídoto. Anota las respuestas y recuerda que pensar mucho no te será tan fructífero como sentirlo y plasmarlo en el papel. Escribe de corrido y no revises lo escrito. Detente unos minutos en cada pregunta:

1.- Define claramente tu peor pesadilla, la más terrible que podría pasar si hicieras lo que estás pensando. ¿Qué dudas, miedos y “qué pasaría si” te surgen cuando piensas en hacer los grandes cambios que puedes –o necesitas – hacer? Imagínatelo hasta el más mínimo detalle. ¿Te morirías? ¿Qué gravedad tendrían las consecuencias permanentes, si las hubiera, en una escala del 01 al 10? ¿Serían permanentes? ¿Qué probabilidad crees que hay de que de verdad ocurran?

2.- ¿Qué medidas podrías tomar para reparar los daños causados o enderezar las cosas, aunque fuese con efectos temporales? Es muy posible que sea más fácil de lo que imaginas. ¿Cómo podrías volver a dominar la situación?

3.- ¿Cuáles serían los resultados o beneficios, tanto temporales como permanentes, de lo que es más probable que ocurra? Ahora que tienes claro cuál sería esa pesadilla hecha realidad, ¿cuáles serían los resultados más probables o claramente positivos, tanto interiores (confianza en ti mismo, autoestima) como exteriores?

4.- Sí te despidiesen hoy de tu trabajo, ¿qué harías para seguir financiando tu vida? Ponte en esta situación y vuelve a contestar a las preguntas 1,2 y 3. Si dejas tu trabajo para probar otras opciones, ¿cómo podrías retomar el mismo rumbo profesional si fuese absolutamente necesario?

5.- ¿Qué estás retrasando por miedo? Normalmente, lo que nos da más miedo hacer es lo que más necesitamos hacer. Esa llamada telefónica, esa conversación, cualquier acción: el miedo al resultado desconocido nos impide hacer lo que necesitamos hacer. Decide hacer todos los días una cosa que te dé miedo hacer.

6.- ¿Cuánto te está costando – en dinero y en desgaste físico y emocional – retrasar pasar a la acción? No valores únicamente las desventajas potenciales de hacer algo. Es igual de importante cuantificar el coste atroz de no hacerlo. Si no intentas hacer realidad lo que te ilusiona, ¿dónde estarías dentro de un año, cinco o diez?

7.- ¿A qué estás esperando? Si no puedes contestar a esta pregunta sin recurrir al concepto anteriormente rechazado de que no es un buen momento, la respuesta está muy clara: estás asustado como el resto del mundo. Mide el coste de no actuar, date cuenta de que la mayoría de los errores son improbables y reparables y forja el hábito más importante de los que destacan sobre los demás y disfrutan haciéndolo: pasar a la acción.

 

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